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La propia composición de las palabras “vértebra” y “columna” ya señala la particularidad de este “órgano”. La vértebra simboliza movimiento, dinamismo y algo llamativo. La “columna”, en cambio, transmite estabilidad y fiabilidad. Todo ello da testimonio de un sistema complejo, compuesto por elementos muy diferentes entre sí. Para poder comprender un sistema en su totalidad, primero es necesario entender cada una de sus partes.
Para que pueda obtener una mejor visión general de su complejo sistema, queremos ofrecerle una introducción a la anatomía y a la interacción de los distintos componentes de la columna vertebral.

La columna vertebral está formada por vértebras que se encuentran unidas entre sí mediante varias articulaciones. Cada articulación permite pequeños movimientos y en su conjunto, hacen que la columna vertebral sea muy flexible.
Se divide en las regiones cervical, torácica y lumbar. A la región lumbar le sigue el sacro, una osificación formada por cuatro o cinco vértebras fusionadas entre sí que constituyen un solo hueso. Entre las vértebras se encuentran los discos intervertebrales. Junto con el hueso ilíaco, el sacro forma la articulación sacroilíaca, que conecta la columna vertebral con la pelvis.
Si observamos la columna vertebral de perfil, podemos apreciar su curvatura en forma de “doble S”, cuya función es proteger al cuerpo frente a las sacudidas y permitir soportar de la mejor manera posible las cargas y exigencias de la vida cotidiana. Esta curvatura se origina por la diferente inclinación de cada segmento vertebral. La columna cervical y lumbar se curvan hacia adelante formando una lordosis, mientras que la columna torácica y el sacro se curvan hacia atrás formando una cifosis.

La perfecta coordinación entre las estructuras óseas, las articulaciones, el tejido conectivo, los ligamentos y los discos intervertebrales proporciona una amplia libertad de movimiento en seis direcciones: flexión y extension. Inclinación hacia adelante y hacia atrás, movimiento lateral hacia la izquierda y la derecha, y rotación en ambos sentidos.
Al mismo tiempo, la columna vertebral se caracteriza por un alto grado de estabilidad. Esta estabilidad protege los órganos internos, los vasos sanguíneos y muy importante, la médula espinal y las fibras nerviosas que parten de ella.
Además, la columna vertebral nos permite realizar una característica propia del ser humano: la marcha erguida.
Las partes óseas de la columna vertebral, es decir, las vértebras, están compuestas por un cuerpo vertebral corto y cilíndrico y por el arco vertebral unido a él. El cuerpo vertebral soporta el peso del cuerpo, mientras que el arco vertebral protege la médula espinal, que recorre el canal vertebral desde la cabeza hasta la pelvis.
Además, en el arco vertebral se encuentran las apófisis espinosas y transversas, que sirven como puntos de inserción para ligamentos y músculos. En la región torácica, cada apófisis transversa está conectada a una costilla mediante una pequeña articulación.

Entre los cuerpos vertebrales se encuentran los discos intervertebrales. Su elasticidad es fundamental para la movilidad de la columna vertebral. Como “amortiguadores” de la columna, los discos intervertebrales poseen en su interior una especie de almohadilla gelatinosa. Este núcleo gelatinoso, rico en agua, está rodeado por un anillo fibroso compuesto de fibras de tejido.
Con el paso de los años, la elasticidad de estas almohadillas disminuye y con ello también se reducen tanto la capacidad de movimiento como la estatura corporal.

La médula espinal es la principal vía nerviosa del cuerpo humano. Para protegerla adecuadamente se encuentra alojada dentro del canal espinal.
Entre los cuerpos vertebrales, salen repetidamente ramificaciones de la médula espinal. Estos cordones nerviosos se denominan raíces nerviosas y constituyen el origen de los nervios que se extienden por todo el cuerpo.
De este modo, el cerebro recibe información de cada parte de nuestro cuerpo y puede controlarla.

La columna cervical está formada por siete vértebras (C1 a C7), que presentan algunas particularidades en comparación con el resto de la columna vertebral. Además de ser, en general, más pequeñas que las vértebras de la región lumbar, las primeras seis vértebras cervicales poseen una abertura ósea adicional en las apófisis transversas, por donde pasan arterias y venas encargadas de irrigar al cerebro. Las vértebras de C2 a C6 tienen una apófisis espinosa dividida.
Sin embargo, la mayor particularidad la presentan las dos primeras vértebras cervicales. La primera vértebra cervical, llamada atlas, no posee cuerpo vertebral, sino que tiene forma de anillo y está unida al cráneo mediante superficies articulares. También se conecta con la segunda vértebra cervical, el axis, a través de una articulación y no mediante un disco intervertebral.
El axis tampoco presenta un cuerpo vertebral típico, sino que dispone de un amplio canal vertebral. En la parte anterior del axis surge una prolongación ósea en forma de clavija llamada dens axis (dens = diente), que se proyecta verticalmente hacia arriba. Esta estructura está unida mediante superficies articulares al arco anterior del atlas.
El axis ofrece varios puntos de inserción para distintos ligamentos que contribuyen a la estabilización del cráneo y de la columna vertebral. Juntos, el atlas y el axis, forman una unidad funcional que permite el movimiento de asentir con la cabeza.
La séptima vértebra cervical se caracteriza por una apófisis espinosa especialmente prominente. A diferencia de las demás vértebras cervicales, esta no está dividida y puede palparse fácilmente a través de la piel.

La columna lumbar está formada por cinco vértebras (L1 a L5). En comparación con las demás vértebras de la columna vertebral, estas son más grandes y su movilidad disminuye progresivamente a lo largo de la región lumbar.
Sus cuerpos vertebrales tienen una forma similar a la de un riñón y soportan la mayor parte de la carga del cuerpo, razón por la cual las molestias y dolores más frecuentes suelen aparecer en la columna lumbar.
A la altura de la primera o segunda vértebra lumbar, la médula espinal se divide en raíces nerviosas individuales, formando la denominada cauda equina (del latín, “cola de caballo”).

Las articulaciones sacroilíacas, también llamadas con frecuencia articulaciones iliolumbares o sacroilíacas, son las articulaciones situadas entre el sacro (sacrum) y el hueso ilíaco (ilium).
Estas articulaciones conectan la columna vertebral, que termina en el sacro, con la pelvis; de este modo, transmiten la fuerza hacia las extremidades inferiores.
Sin embargo, el rango de movimiento de estas articulaciones es muy limitado debido a un fuerte sistema de ligamentos.

La típica forma de “doble S” de la columna vertebral, no solo permite al ser humano mantener la postura erguida, sino que también garantiza una optimización mecánica de la fuerza gracias a la posición ideal de cada uno de los segmentos vertebrales.
De esta manera, mantenerse de pie, sentado o sostener la cabeza requiere muy poco esfuerzo, incluso bajo grandes cargas. Esta distribución óptima de las fuerzas, conocida como equilibrio sagittal, se basa en numerosos ángulos y ejes que incluyen no solo la columna vertebral y sus distintos segmentos, sino también la pelvis.
Cuando este sistema pierde su equilibrio debido a diversos factores, pueden aparecer dolores, degeneración y deformidades posturales.
Sin embargo, todos estos ángulos y ejes ideales son definiciones teóricas descritas en los libros de anatomía y en la práctica, deben adaptarse de forma individual a cada columna vertebral. Así como cada persona es única en su forma de ser, también lo es su anatomía.
Para poder describir con mayor precisión las distintas regiones del cuerpo, en anatomía este se divide en planos y ejes. Al igual que en geometría, cada plano está formado por dos ejes.
El plano medio o mediano divide el cuerpo en dos mitades iguales: derecha e izquierda. Está formado por el eje longitudinal o vertical (que va de arriba hacia abajo) y por el eje sagital, que va de adelante hacia atrás.
Estos mismos ejes forman también el plano sagital, que discurre paralelo al plano mediano. Este plano también divide el cuerpo en parte derecha e izquierda, aunque no necesariamente en partes iguales, ya que no siempre se encuentra en el centro.
El plano transversal u horizontal hace referencia a todos los cortes transversales del cuerpo, independientemente de si se realizan en la cabeza, el tronco o las piernas. Está formado por el eje sagital y por el eje transversal, que va de derecha a izquierda.
El plano frontal o coronal se encuentra paralelo a la frente y describe la parte anterior del cuerpo. Está formado por el eje longitudinal y el eje transversal.
En las imágenes radiológicas del cuerpo (radiografías, tomografías computarizadas o resonancias magnéticas) se habla de imágenes sagitales, coronales, axiales y anteroposteriores.
Este último término se utiliza principalmente en radiografías. A diferencia de la TC o la RM, donde se obtienen múltiples cortes, en la radiografía se realiza una sola imagen en la que todos los órganos aparecen superpuestos.
